lunes, 7 de junio de 2010

DIVERSIDAD, VIOLENCIAS, EXCLUSIÓN: DESAFÍOS A LA FORMACIÓN DOCENTE.


Contextualización

Las instituciones educativas en la actualidad se ven desbordadas por la cantidad y complejidad de los problemas que deben enfrentar a diario. Los desafíos de educar son cada vez más variados y diversos, en virtud del alumnado que recibimos en las aulas. La masificación de la matrícula y la democratización en el acceso traen consigo una problemática para la que los docentes no estamos preparados, al tiempo que el ritmo se torna tan vertiginoso que el malestar y la sensación de frustración se convierten en el pan de cada día.

Múltiples trabajos han aparecido en los últimos tiempos al respecto, especialmente aquellos que conciernen a la inclusión- exclusión, puesto que se trata de uno de los temas que más angustia genera. En lo que respecta a la violencia en las instituciones educativas, llama la atención la presencia constante en diferentes medios de prensa de noticias concernientes a episodios lamentables de los que son protagonistas los estudiantes, generalmente los de Secundaria. Cuando ocurren, acaparan las primeras planas y sus repercusiones se suceden por días y hasta semanas. Suele tratarse de penosos casos en los que algún adolescente ingresa con un arma, hiere a algún compañero y hasta se ha consignado alguna agresión a docentes. Sin embargo, no parece ser un tema que interese demasiado a nivel teórico puesto que aún se sigue teniendo la percepción de que se trata de casos aislados que se resuelven puntualmente y que no ameritan tratamiento teórico. No obstante, quienes trabajamos en formación docente, consideramos que es hora de dejar de improvisar y de actuar frente a hechos consumados y de comenzar a actuar proactivamente en virtud de los datos a los que la realidad nos enfrenta cotidianamente y para los que no somos capaces de dar respuesta.


La lengua de enseñanza y su problemática en la frontera
Entre las violencias objetivas y las subjetivas, hay una en particular que concierne a la que se esconde detrás de las palabras: es quizás la más peligrosa y la menos visible por ser aparentemente inofensiva. El discurso no solamente puede ser violento por su contenido semántico sino que además la propia selección de la lengua de instrucción puede producir expulsión de estudiantes del sistema educativo. Esta es la realidad que se vive en un importante número de aulas que se encuentran en la franja de la frontera con Brasil. Diversas investigaciones llevadas a cabo en la frontera Rivera-Livramento proporcionan datos concretos1 que nos alertan sobre la cantidad de estudiantes provenientes de hogares monolingües en DPU2 (Dialectos del Portugués en el Uruguay) que concurren al sistema educativo formal. Estos alumnos se ven enfrentados, al ingresar a las aulas, a una nueva realidad que conlleva una serie de problemas que se ven particularmente reflejados en el rendimiento escolar.

La gran diversidad del alumnado (heterogeneidad lingüística), y la inhibición creada por la barrera lingüística, son algunos de los factores a los cuales se ve enfrentado el docente en el aula. Como afirma Behares (1982, 1985), “el mayor problema de la educación fronteriza en Uruguay radica en el hecho de no reconocer que, en su mayoría, la lengua materna de los niños no es el español. Los problemas en el aprendizaje provienen de la pedagogía monolingüe usada y de la actitud en cuanto a los valores negativos de permitirles el uso del dialecto a los niños, incluso fuera del aula.” Todo esto se traduce en una acomodación lingüística por parte de los alumnos, característica de las zonas bilingües o bidialectales.

En el ámbito escolar, el lenguaje está presente en tantas dimensiones distintas que el interés de su estudio no necesita demasiada justificación. En efecto, el lenguaje es un elemento importante de la identidad de los niños y maestros, pero además es el medio principal para la transmisión de conocimientos por parte de los docentes y la demostración de lo aprendido por parte de los alumnos.” (Gabbiani, 2000:11)

Los alumnos de frontera, al ingresar al sistema, se encuentran con otra variedad a través de la cual se produce la enseñanza. Los programas están estructurados de forma tal que se da por sentado el dominio del idioma español en todo el territorio nacional, cuando en algún contexto no es así, lo que posiblemente perjudica o limita todo el posterior aprendizaje. Diferentes estudios realizados proponen la enseñanza bilingüe portugués - español como una solución para esta situación.

El uso del dialecto, como lengua de comunicación, fue considerado durante mucho tiempo como una patología del lenguaje y que acarreaba dificultades en el aprendizaje. Se entendía que el bilingüismo y la “incertidumbre” frente a los dialectos inducían al alumno a desarrollos patológicos, muy emparentados con la dislexia. De hecho, con este fin se había fundado en Rivera en 1958 el Centro de Lectura y Escritura (CeLER), ya que los índices de perturbaciones del aprendizaje de la lengua escrita eran en este departamento los más altos del país. De hecho, el uso del denominado “portuñol” fue combatido, perseguido y hasta prohibido en la institución escolar por considerárselo perjudicial, violentando a los estudiantes y sus familias que no manejan otra variedad lingüística para su comunicación.

Derechos Lingüísticos -Derechos Humanos
La enseñanza impuesta desde el sistema formal atenta incluso contra lo consignado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. En el Artículo 7 se establece el derecho a igual protección contra toda discriminación; los hablantes de la frontera son discriminados puesto que carecen de la libertad de expresión, consignada en el artículo 19, al no permitírseles utilizar su lengua materna en el ámbito educativo formal. Por otra parte, el Artículo 26 proclama el derecho a la Educación, la que tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, mientras que tampoco se contempla el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos. Existen diversos instrumentos jurídicos internacionales que el Uruguay ha suscrito en cuanto miembro de las Naciones Unidas y que abordan otras dimensiones de los Derechos Humanos, quizás más cotidianas y menos visibles en cuanto a su no consideración como la “Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas”. La misma fue aprobada por la Asamblea General en su resolución 47/135 del 18 de diciembre de 1992 (Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos). En este documento se trata específicamente la temática de referencia.

Por lo anteriormente expuesto, consideramos que esta situación descripta ameritaba un estudio que develara la manera en la que los miembros de la comunidad educativa fronteriza conviven con esta nueva forma de violencia que se oculta detrás de la palabra.

Es un hecho que en nuestra frontera se habla una variante del portugués y que para un gran porcentaje de nuestra población es su lengua materna y exclusiva hasta el ingreso escolar.

Las afirmaciones aquí expuestas se basan en una investigación realizada en 2008 cuya muestra estuvo compuesta por un 59% del universo de docentes de Español del departamento de Rivera. Encontramos algunos datos sorprendentes en la medida en que esperábamos que nuestros docentes se encontraran conflictuados ante esta situación, no obstante, hemos advertido que han logrado desarrollar estrategias de supervivencia, las que responden al sentido común sustentado en el afecto por sus alumnos y la vocación docente que les ha indicado un camino posible de ser transitado. Han estado a la deriva, entre la espada y la pared, intentando cumplir con exigencias programáticas y orientaciones centralistas al tiempo que intuían que algo no estaba en su sitio y veían con profundo dolor la forma en que sus alumnos fracasaban y eran sistemáticamente expulsados del sistema.

¿Responsables, víctimas, culpables?
Últimamente se está utilizando el término desafiliación para caracterizar eufemísticamente, el fenómeno que se produce cuando los estudiantes abandonan el sistema educativo formal. La neutralidad del término pretende no hacer recaer la responsabilidad sobre la institución y mucho menos sobre los docentes. Exclusión, expulsión, entre otros, hacen referencia a una acción institucional, incluso personal, que resulta molesto y políticamente incorrecto. En este punto se hace necesario poner las cosas en su justo lugar: tanto docentes como estudiantes son, en este caso, víctimas de una situación que los supera y trasciende, no hay aquí culpables. Si queremos rastrear responsabilidades, debemos retrotraernos a las razones históricas que han conformado el Estado uruguayo, cuyas raíces se hunden en el pensamiento vareliano y las buenas intenciones de entonces. Aquí alzamos la voz en defensa de la diversidad y en oposición firme a la visión de un país homogéneo que puede implementar políticas centralistas sin contemplar las particularidades regionales. Ello ha colocado a los docentes de frontera en una situación difícil, que suma una cuota más de estrés a los desafíos de educar en el mundo en el que nos ha tocado actuar, y sin más herramientas que las que les proporciona un sistema educativo concebido desde una visión montevideana.

Una vez hechas estas puntualizaciones, y a partir de los resultados de la primera investigación, nos hemos embarcado en otro estudio que pretende detectar cómo se convive con las distintas formas y caras que asume la violencia en las instituciones educativas.

Las violencias
En el contexto más cercano, Argentina, encontramos varios estudios de reciente aparición realizados por especialistas que se han dedicado a profundizar sobre esta temática. Garay y Gezmet (2000) categorizan la violencia escolar en: violencia en la escuela, violencia institucional y violencia contra la escuela. La violencia en la escuela es la que se manifiesta en ese recinto pero que no la involucra como productora principal de la misma. Son manifestaciones que provienen de otros ámbitos: el barrio, la familia, los grupos de pares, la sociedad en su conjunto. Si hay violencia en la sociedad, la misma ingresa a la escuela a diario puesto que no existe un cerco de protección que la aísle del contexto donde se inserta. Incluso, afirma Garay, que la escuela contribuye con dinámicas institucionales conflictivas y perturbadas, con climas enrarecidos, fracaso pedagógico y discriminación educativa, a favorecer la violencia y por sobre todo a no poder anticiparla y prevenirla. La exclusión y la injusticia que viven distintos grupos sociales provocan conflictos y crisis. Se expresa el malestar en la intersubjetividad evidenciándose en las relaciones interpersonales, en la desesperanza, el descreimiento, la hostilidad y la destructividad.


La violencia contra la escuela se manifiesta en actos de depredación del mobiliario, de los útiles, o hasta del propio edificio escolar. La violencia de la escuela o violencia institucional se encuentra en ciertos actos realizados por directivos o docentes aún cuando no sean intencionales. Pueden tener que ver con exigencias en sistemas de evaluación, con directivas arbitrarias, fenómenos de dominación, etc. La propia escuela como institución educativa puede ser también considerada fuente de violencia simbólica por la función que debe cumplir.


En virtud de estos rasgos es que se identifica a la violencia como proceso y se la ha denominado violencia estructural (Galtung, 1990). Se trata de procesos estructurales que se construyen sobre matrices de violencia, es entonces la violencia estructural material y simbólica, y la violencia directa la que se manifiesta en hechos observables en la institución educativa.


La “violencia estructural” se manifiesta como un poder desigual que genera oportunidades de vida distintas, por lo que es igual a injusticia social. Esta violencia es silenciosa según Galtung, y quienes son objeto de ella pueden ser persuadidos para no verla, y en caso de que la vean, las mismas estructuras se encargan de preservar su poder. El reto consiste en pensar que hay nuevas formas contemporáneas de las violencias, las que no pueden ser interpretadas con marcos conceptuales tradicionales.


Marta Souto (2000) por su parte considera que se pueden identificar dos grandes grupos de violencia en la escuela: la violencia objetiva, que puede consistir en delitos criminalísticos, destrucciones, robos, golpes, agresiones; y la violencia simbólica, puesto que la violencia no es solo el golpe, sino que también puede serlo el trato despectivo, la discriminación u otros tipos de maltratos verbales. Dado que el espectro de situaciones violentas en el ámbito escolar es tan amplio que puede incluir desde una broma discriminatoria hasta un cuchillazo en el baño, es que Marta Souto considera que es más apropiado hablar de violencias en plural. Esta autora refiere a otra categorización del francés Jaques Pain en violencias objetivas y violencias subjetivas. Estas últimas son más sutiles de tipo actitudinal y distorsionan el clima escolar.


De los distintos tipos de violencia en la escuela se suelen consignar aquellas que son más visibles, que llaman más la atención y que producen un mayor impacto a nivel de la comunidad, como por ejemplo el maltrato infantil que incluye el maltrato físico, el abuso sexual, la explotación laboral y generan niños y adolescentes con conductas agresivas, comportamientos antisociales y bajo rendimiento.


En entornos sociales de gran marginalidad, las conductas violentas se convierten en un patrón cultural naturalizado. Los niños que provienen de hogares donde la policía, las bandas, las armas, las drogas y asaltos forman parte de su cotidianeidad, reproducen en el escenario escolar esas mismas formas de vincularse. Los actos disruptivos son más comunes en las aulas, nos referimos con ellos a desórdenes, insolencias, desmotivación, desobediencias, indisciplina, provocaciones, amenazas, impertinencias, todo lo cual atenta contra la labor docente y contra los aprendizajes de los estudiantes. Los abusos entre compañeros también forman parte de la cotidianeidad y pueden ir desde agresiones físicas hasta hostigamiento, amenazas, burlas, etc.


Finalmente, cabe consignar las formas de violencias sutiles que son el centro de nuestro interés. Puesto que la escuela debería ser el lugar donde se promueva el respeto hacia la diversidad cultural, las miradas etnocentristas, estereotipadas y prejuiciosas sobre el diferente deberían ser ajenas a este ámbito. No obstante, por su invisibilidad y la propia naturalización de las que son objeto, pasan desapercibidas.


La violencia simbólica de la lengua


Por razones históricas, el área de frontera ha sido escenario de contacto lingüístico entre el Español y el Portugués al ser objeto de la disputa política y militar. Una vez zanjado el enfrentamiento entre los dos imperios, los pobladores que se asentaron en la región adoptaron y extendieron su lengua materna, la que mayoritariamente es de base lusitana. Esta situación derivó en una sociedad bilingüe y diglósica3 del lado uruguayo de la frontera. A finales del siglo XIX el Portugués retrocede frente al Español como resultado de una política de planificación lingüística que se traduce en el Reglamento de la Instrucción Pública de 1877. En la frontera con Brasil, el español no logró desplazar al portugués sino que se le superpuso generando los denominados Dialectos Portugueses del Uruguay, mientras que del lado brasileño el portugués se mantuvo como lengua predominante con algunas variedades dialectales en las que abundan préstamos léxicos e interferencias fónicas del español. Los primeros trabajos de corte descriptivo fueron realizados por José Pedro Rona de la UDELAR, los cuales datan de1959 y 1965; su gran mérito consistió en revelar una realidad negada y subestimada por autoridades políticas y educativas. El trabajo de Rona se centra básicamente en aspectos fonéticos y fonológicos derivados de la tradición estructuralista. A partir de allí distinguió cuatro tipos de variedades, las que clasificó con un criterio territorial: artiguense, tacuaremboense, melense y yaguaronense. Estas primeras aproximaciones tematizaron la cuestión y generaron cierta polémica por cuanto ameritaron una revisión (Elizaincín y Behares, 1981, Barrios et alter, 1985, Elizaincín et alter, 1987), dicha revisión se corresponde, por un lado, con la evolución de los estudios sobre lenguas en contacto y, por otro, con la filiación teórica de los investigadores. Las cuatro variedades planteadas por Rona y su dialecto fronterizo fueron catalogados como entelequias (Behares, 1985). Se impuso entonces una visión que da cuenta de la inestabilidad y variabilidad de las hablas fronterizas y, fundamentalmente, de su base lusitana. La variabilidad es sin duda consecuencia de la inestabilidad de su gramática, y la inestabilidad responde a la lejanía y al escaso contacto con el portugués estándar.


Barrios y Gabbiani (1992) evaluaron la “españolización” del léxico de los DPU llamando la atención, también, sobre la gramática. Detectaron la correlación de las formas encontradas con la edad de los hablantes, el grupo más joven dentro de ellos tiene un mayor contacto con el español, como resultado de las acciones de planificación lingüística a través de la escuela pública, lo que ha traído una mayor variación. Lo anteriormente expuesto, de alguna manera descalifica a los hablantes de esta región como bilingües por cuanto no dominan las variedades estándares de las dos lenguas en cuestión. Gran parte de ellos, principalmente los mayores provenientes de áreas rurales, son monolingües en dialecto. Las generaciones más jóvenes tienen el dialecto como L14 y adquieren el Español estándar en su pasaje por el sistema educativo formal. Ahora bien, se produce en ellos un conflicto por cuanto, si bien se mantienen leales a su habla por razones identitarias, son conscientes de que esa variedad es una “mezcla”, “fronterizo”, “bayano”, “portuñol”, que les genera vergüenza como consecuencia de la postura persecutoria de las autoridades uruguayas.


La posición del Estado uruguayo ha sido de “defensa de la soberanía ante la amenaza brasileña” reprimiendo el uso de los dialectos. De esta forma se ha generado una mayor marginación social puesto que son, precisamente, las clases bajas las que los tienen como lengua materna, y a las que les está vedada la posibilidad de ascenso social. El sistema educativo ha estigmatizado al Portugués del Uruguay y colaborado con esta matriz diglósica y estratificada de la sociedad fronteriza reproduciendo las desigualdades sociales.


Lingüistas y educadores aúnan esfuerzos para comprender la situación y manejarla a nivel del aula con una fuerte carga de compromiso social. Se hace imperiosa una efectiva coordinación entre los responsables del gobierno de la educación y los especialistas en la problemática a fin de brindar instrumentos y pautas claras a los docentes que se desempeñan en la región.


Es a raíz de intereses específicamente educativos que surgen los primeros trabajos sobre el lenguaje en la escuela, buscando una respuesta para el fracaso escolar. Estas investigaciones buscan determinar los diferentes procesos de aprendizaje de los alumnos por medio de un análisis del lenguaje, es decir, el interés por las formas lingüísticas surge sólo en la medida en que a través de ellas se pueda lograr una comprensión más profunda de los acontecimientos sociales del aula y, por esta vía, de los conocimientos que adquieren los alumnos.


La lengua materna de estos hablantes, que son la mayoría en esta zona, es distinta de la que utiliza el sistema educativo lo cual además de avasallar los derechos lingüísticos, es discriminatorio y, al tratarse de la imposición de una lengua en detrimento de otra, constituye un acto de violencia simbólica ejercido institucionalmente desde la escuela. Los hablantes son convencidos y persuadidos por la institución educativa - en tanto vocera del discurso estatal originado en 1877 con la reforma vareliana - de que la lengua que traen de sus hogares es incorrecta, de menor jerarquía, de que no les permitirá ascender socialmente, de que se trata de una “mistura” sin estatus alguno y de que deben eliminarla, combatirla y exterminarla por completo. Para Bourdieu y Passeron, el éxito de la comunicación pedagógica está en función del capital lingüístico y de la competencia de los receptores del mensaje. Se plantea, por lo tanto, una relación entre el origen social y el éxito escolar. Por otro lado, destacan que el valor social que adquieren los códigos lingüísticos en un contexto dado, en una época dada, depende de la norma lingüística impuesta por la escuela y considerada como “correcta”.


Los alumnos alfabetizados en español y provenientes de hogares monolingües en una variedad del portugués son objeto de una persecución que, o bien los silencia, los excluye, y en la mayoría de los casos los expulsa del sistema educativo por no dar con los estándares exigidos. Esta falta de comprensión de la realidad, basada en un fuerte centralismo montevideano, se manifiesta como una forma de violencia simbólica sutil, velada y silenciosa, que opera reproduciéndose a sí misma generación tras generación desde la construcción del estado nación y el avance del español sobre el portugués que imperaba como lengua del Río Negro hacia el norte.


En la institución educativa conviven distintos grupos de actores que han sido objeto de esta violencia discriminatoria en contra de su habla y que hoy se constituyen en los reproductores del discurso dominante cerrando (o abriendo) este círculo. Es por ello que nos interesó indagar sobre esta forma de violencia poco visible, que genera exclusión y frustración, y develar la manera en que la institución elabora este conflicto.


En una primera lectura de los datos recogidos hasta el momento (entrevistas y cuestionarios) podemos aventurar algunas aproximaciones a tener en cuenta:




  • Unánime e indiscutiblemente todos identifican violencia con agresión física. Casi no existen referencias a insultos o agresiones de tipo verbal.


  • Se ubica a los “violentos” afuera del centro educativo. Todos los episodios de violencia que se utilizan como ejemplos tienen como protagonistas a los que se agolpan a las puertas del centro educativo, a los que se cataloga como “ajenos”, aún cuando se reconoce que varios de ellos son muchachos que eran alumnos y abandonaron el liceo.


  • No tienen dificultades en identificar ejemplos de violencia en la escuela y contra la escuela pero no se ve la violencia institucional más que como alguna manifestación de casos aislados de docentes que agreden verbalmente o discriminan a sus alumnos.


  • La descripción de la violencia institucional en un cuestionario colocó a los entrevistados en una situación “a la defensiva”. Les generó incomodidad y a partir de allí, algunos declaran no verla, otros toman el tema de la evaluación, mientras que el resto consigna algún episodio aislado del que se responsabiliza a docentes inexpertos o no vocacionales.


Desde el momento en que nos hemos embarcado en una investigación que implica un trabajo conjunto con el equipo del liceo N°2 de la ciudad de Rivera, estos datos primarios nos advierten sobre las intervenciones futuras que se pudieren realizar, empezando por hacer visible la temática y desnaturalizarla. El PIU5 se nos revela como un escenario con resultados alentadores en la reinserción de los estudiantes: la atención personalizada, el seguimiento y la comprensión de la problemática lingüística que acarreaba los fracasos escolares, están dando sus frutos tímidamente, por lo que se trata de una experiencia a tener en cuenta y seguir de cerca. Quizás este espacio pueda convertirse en la clave para revertir una injusticia social que se deriva del lugar de procedencia y que predetermina y limita las posibilidades de los jóvenes fronterizos. Esta alternativa no exime a la formación docente de tomar cartas en este asunto con políticas proactivas, independientemente de que la coordinación con el subsistema de referencia sea un punto de partida ineludible.


Bibliografía



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1 En 1959, José Pedro Rona realiza el primer estudio sistemático de la situación sociolingüística de la frontera; en este trabajo Rona estudia las variedades de portugués hablado en el Uruguay. Más tarde otras investigaciones serán llevadas a cabo por Elizaincín, Behares, G. Barrios.


2 Sigla acuñada por Elizaincín, A. y Behares, L. en sus primeros trabajos de 1981. Posteriormente este fenómeno fue rebautizado como “Portugués del Uruguay”. No obstante, el término popular con el que se lo reconoce mantiene su vigencia y constituye una nota identitaria: portuñol.


3 Se define diglosia como una situación en la que conviven dos lenguas, si bien cada una de ellas tiene funciones y usos diferentes. Una de esas lenguas goza de estatus y se la considera la variedad alta para fines formales mientras que la otra queda relegada al ámbito doméstico y es estigmatizada por ser la variedad baja.


4 Se denomina así a la Primera Lengua o Lengua Materna, es decir, aquella que se usa en el hogar.


5 Programa de impulso a la universalización del ciclo básico del Consejo de Educación Secundaria.

domingo, 6 de junio de 2010

La lengua en la frontera: ¿inclusión o exclusión?

Esta ponencia fue presentada en el II Foro de Lenguas de la ANEP.

Abstract
Por razones históricas, el español ha sido la segunda lengua para un gran número de estudiantes de la frontera norte del país, quienes han sido víctimas de un sistema educativo que ha mantenido una visión de un país monolingüe y homogéneo, desconociendo la realidad que se vive en un gran número de aulas fronterizas.
En los últimos años, se ha producido un interesante giro que atiende a la diversidad, al respeto de los derechos lingüísticos y a la implantación de una política educativa lingüística específica y explícita por primera vez en la historia.
No obstante, aún quedan algunas cuestiones por resolver: la urgencia de la reinserción de un número importante de adolescentes que no han tenido la oportunidad de beneficiarse con los nuevos programas bilingües y se han desafiliado del sistema educativo formal. Estos jóvenes conforman un grupo de riesgo social que se hace necesario atender de manera prioritaria al tiempo que los docentes requieren una preparación específica para dar respuesta a este desafío.

Situación de partida
Desde 1959 en adelante se han sucedido las investigaciones que en ese año iniciara José Pedro Rona (UDELAR) sobre el denominado “portuñol”. Ya en aquel entonces, el lingüista identificó cuatro variedades: el yaguaronense, el melense, el artiguense y el tacuaremboense. A partir de allí, sucesivos estudios de reconocidos especialistas como Adolfo Elizaincín, Luis Behares, Graciela Barrios, Beatriz Gabbiani, entre otros, se han sucedido a efectos de caracterizar este fenómeno lingüístico. Diversos han sido los abordajes desde los diferentes niveles de análisis lingüístico, así como profusa la investigación realizada. En 1981, Behares y Elizaincín rebautizaron al portuñol como D.P.U. (Dialectos portugueses del Uruguay) al encontrar que se trataba precisamente de hablas dialectales con particularidades que diferían entre las regiones. El hecho de que se considere que se trata de dialectos y no de una lengua conlleva una carga negativa y agudiza aún más el estigma sobre sus hablantes. No olvidemos que se trata de hablas combatidas fuertemente desde el centralismo montevideano que siempre ha considerado necesario entablar una defensa de la soberanía nacional ante la amenaza del avance del portugués. Obviamente que esta es una visión errada de lo que la historia nos indica, puesto que es el español el que ha avanzado imponiéndose en un territorio (del Río Negro hacia el norte) cuya lengua era predominantemente lusitana. Desde 1877, con la reforma vareliana, el estado se ha planteado como objetivo este combate y esta defensa a efectos de construir el discurso de la identidad nacional: la escuela pública ha sido el vehículo y los maestros sus ejecutores. El éxito de esta política es indiscutible, se logró la imposición del español y se logró silenciar y relegar a los luso-hablantes. Durante la última dictadura hubo una fuerte campaña de pureza idiomática que hizo aún más hincapié en la “incorrección” de estas hablas, todo lo cual ha llevado a que los hablantes de frontera se sientan perseguidos, culpables, en inferioridad de condiciones y con vergüenza. De esta forma, se ha logrado tener una sociedad diglósica, donde coexisten dos variedades, una alta para los fines formales, la lengua de prestigio, la “correcta”, mientras que por otro lado la variedad baja queda reducida al ámbito doméstico, informal, siendo estigmatizada y culpabilizada. Las personas sienten que esa habla los limita, les genera rechazo por esta razón, al tiempo que se trata de la lengua del hogar, la de los afectos, la que constituye su rasgo identitario más claro.
Recientemente se ha decidido denominar “portugués del Uruguay” a esta variedad, puesto que efectivamente, su base es portuguesa. Por otra parte, se intenta de esta manera asignarle un estatus que no conlleve la discriminación y el estigma que pesa sobre la misma. Sin embargo, esta nueva denominación aún no ha sido adoptada por los fronterizos, quienes continúan considerando que su habla es el portuñol, una mistura, una verdadera mezcla que no es ni lo uno ni lo otro. En los últimos tiempos se ha observado un discurso reivindicativo a nivel local, que incluye producción literaria, canciones y hasta un glosario de términos en portuñol que aparece publicado en entregas en un diario local.
La situación de lenguas en contacto que se produce en esta frontera ha atraído incluso a investigadores de distintas partes del mundo, puesto que se trata de un verdadero laboratorio lingüístico que continúa dando temas para su estudio. 

Del portón para adentro: los docentes
La descripción anterior tiene su correlato con lo que sucede adentro de las aulas, las que por cierto están insertas en la sociedad diglósica, repitiéndose en ese espacio las mismas conductas del exterior. En el año 2008, en el marco de los fondos concursables de investigación en formación docente, realizamos una investigación cuya temática tenía que ver con los derechos lingüísticos de los hablantes de frontera y la forma en que estos eran contemplados en las aulas de educación secundaria. Nuestro universo estuvo constituido por los docentes de Idioma Español del departamento de Rivera, de quienes pretendíamos saber cómo lidiaban con la tensión de imponer una lengua en detrimento de otra, respetando los derechos de sus alumnos. Encontramos a los docentes desamparados en este sentido, sin más herramientas que el sentido común, intentando cumplir con exigencias programáticas establecidas con un criterio homogéneo montevideano. Tanto las profesoras más experimentadas, algunas de ellas a punto de jubilarse, como aquellas que recién estaban iniciando sus carreras, reconocen unánimemente el desconcierto y la preocupación que les genera la labor que se supone deben desempeñar. Parecería que la inercia indica el camino a seguir, viendo cómo desfilan ante sus ojos generaciones de estudiantes que no logran aprobar el trayecto educativo y van quedando rezagados al principio, excluidos luego.
Las docentes (casualmente fueron todas mujeres) expresan por una lado su resignación, mientras que por el otro solicitan auxilio y orientaciones de las autoridades competentes en la especificidad de su asignatura. Son plenamente conscientes de que algo no está funcionando de manera correcta pero no encuentran la salida a la situación en la que se ven entrampadas.
Un elemento importante a tener en cuenta y que se nos revela como recurrencia en las entrevistas, tiene que ver con la reproducción de prácticas pedagógicas de las que han sido objeto. Estas profesoras relatan experiencias que provienen de sus biografías personales en las que queda en evidencia que o bien han sido objeto de discriminación por su habla, o bien han tenido prohibido, desde su infancia, a veces desde el hogar y a veces desde el sistema educativo, expresarse en “portuñol”.
El tema no está resuelto, ni en el discurso ni en la práctica, los docentes necesitan una preparación acorde, probablemente se pueda pensar en implementar una especialización para enseñar el español como segunda lengua en esta zona, dado que ha quedado demostrado que la metodología utilizada hasta el momento está totalmente fuera de lugar y en consecuencia, fracasa estrepitosamente. Los costos de este fracaso son demasiado altos y se miden en términos de exclusión social.

Del portón para afuera: los alumnos
Continuando en la misma línea de investigación, en el presente año, también en el marco de los fondos concursables de Formación Docente, encaminamos un nuevo trabajo cuyo centro está puesto en el tema de las violencias. Puesto que hay distintos tipos de violencia, las objetivas y las subjetivas, quisimos indagar en la más sutil de ellas, la que se produce desde la palabra, buscando cómo las instituciones educativas asumen este reto. Nos interesa develar cómo se convive a la interna de la institución con la violencia que implica la imposición del español como lengua de instrucción, al tiempo que hurgamos en el círculo diversidad-violencias-desafiliación-exclusión, con la clara intención de visibilizar y desnaturalizar lo que ocurre. Partimos de los datos cuantitativos que nos mostraban altos índices de deserción y rezago, los cuales también preocuparon a las autoridades, quienes luego de realizar un diagnóstico, implementaron el PIU1, como forma de frenar esa desafiliación de estudiantes del sistema educativo. En el diagnóstico que se hizo se detectó que los alumnos no podían lidiar con las exigencias académicas porque no entendían. Si bien esto puede llamar la atención puesto que han logrado sortear los años de escuela primaria, debe tenerse en cuenta que el acompañamiento afectivo y la contención que realizan las maestras retienen al chico de una forma que le resulta ajena a la enseñanza secundaria. Por otra parte, la cantidad de profesores, asignaturas y lecturas que deben afrontar en esa nueva etapa resulta de una gran dificultad para alumnos provenientes de hogares monolingües en portugués del Uruguay. Esto queda en evidencia a partir de las entrevistas realizadas a los docentes del PIU, quienes afirman que la mayoría de las veces se sientan con sus alumnos a estudiar y “traducirles” lo que aparece en los libros.
La puerta del liceo suele ser escenario de conflictos y de violencia, desde quienes allí se agolpan (muchachos que se desafiliaron) hacia el centro educativo y hacia los jóvenes que están del lado de adentro. Esto amerita una lectura fácil de realizar si es que efectivamente estamos dispuestos a ver las razones por las que decenas de jóvenes por turno pasan horas enteras del lado de afuera del centro educativo. No podemos afirmar rotundamente que el problema lingüístico sea el único factor que los margina, puesto que sería una interpretación simplista, no obstante, sí estamos en condiciones de asegurar que el liceo no logra retenerlos del lado de adentro, por no poder captar su interés. Aquellos estudiantes que se han reinsertado con el PIU (que hasta hace unos pocos meses estaban en la puerta) están obteniendo logros significativos puesto que encuentran un espacio que los acoge de manera personalizada, atendiendo sus dificultades y compensando diferencias de origen mediante apoyos de diversa índole, incluso con alimentación y vestimenta. Pero el hallazgo más importante de esta experiencia radica en que los docentes no siguen un programa preestablecido y les permiten expresarse libremente sin penalizar su habla ni asignar calificaciones. Este es un primer paso, en el que no debemos quedarnos, sin duda, pero que nos permite mirar el portón e intentar abrirlo para brindar un espacio de socialización en el que estos jóvenes se encuentren.

En el umbral: la responsabilidad que nos compete
No es un problema de los docentes de español, es una realidad que la institución educativa en su conjunto debe atender, no como un emergente puntual, sino con la responsabilidad social que amerita incluir en las aulas al diferente. El sistema educativo tiene el deber de velar por que se cumpla efectivamente lo establecido en la Ley 18.437, garantizando la educación como derecho humano fundamental, de todas las personas sin discriminación alguna. El artículo 8° específicamente se refiere a los colectivos minoritarios o en especial situación de vulnerabilidad, a quienes deberá brindarse igualdad de oportunidades. Insistimos una vez más en que tratar igual a los desiguales sólo aumenta y reproduce, en términos de Bourdieu y Passeron (1971) la desigualdad social. La responsabilidad técnica y ética de la comunidad educativa en esta temática es inexcusable, pero los docentes deben contar con la formación adecuada, el respaldo de las autoridades y los recursos necesarios, de forma de poder dar respuesta a los desafíos, cada vez más variados y complejos que plantea la tarea de educar en el mundo actual. La zona de frontera requiere una atención diferencial, fundamentalmente para los jóvenes desafiliados del sistema, para quienes las nuevas políticas lingüísticas, la formación bilingüe y los cambios generados en este sentido, han llegado tarde. Urge atender a quienes fueron víctimas de esta violencia institucional, para que no respondan con otras formas de violencias, como una manifestación de la exclusión social a la que los hemos empujado de forma ultraintencional. Aún estamos a tiempo, no se puede esperar que las decisiones las tomen otros, la comunidad local debe empoderarse, tomar la iniciativa, alzar la voz, hacer uso de la autonomía profesional, sus conocimientos y capacidades a fin de promover e implementar programas que contemplen la problemática y proporcionen soluciones viables en el corto plazo. Es en este terreno donde se demuestra el profesionalismo de un cuerpo docente como aquél del que nos enorgullecemos de tener. 


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“Entre la norma y la descripción: Una Didáctica para el Idioma Español en el respeto de los Derechos Lingüísticos en cuanto Derechos Humanos”


Este texto integra parte del trabajo realizado para los Fondos Concursables de la DFPD. CODICEN. ANEP


_ “¿En qué país estamos, Agripina?
Y ella se alzó de hombros”
Luvina, El llano en llamas,
Juan Rulfo, 1953

Nos propusimos indagar en la enseñanza del Idioma Español en zona de frontera con el fin de develar las concepciones implícitas respecto de las relaciones entre la lengua de la comunidad y la lengua de instrucción, siendo que distan la una de la otra y que de alguna forma se estaría atentando contra los derechos de los hablantes al imponérseles el español.
La frontera no es un límite claro, no se trata de una línea imaginaria tal como se puede visualizar a partir de un mapa. La frontera es un tercer espacio, que no es ni lo uno ni lo otro, tiene su identidad propia, es una franja en la que convergen lo mejor y lo peor de uno y otro lado, una franja ecléctica distinta de sus componentes. Por tanto, el dialecto de frontera, llamémosle como se prefiera, es el rasgo identitario más claro con el que la comunidad se reconoce a sí misma. Se siente respecto del mismo tanto el rechazo como la reafirmación, es la lengua del hogar, la de los afectos, la que une y da sentido de pertenencia, pero al mismo tiempo es la lengua que limita las posibilidades a la hora de irse hacia el sur o de buscar una salida laboral. Es la marca del origen, indeleble y objeto de discriminación, burla y risas a través de los estereotipos hacia el “bayano”: “bien con las eses marcadas y todo” (anexo 12.2, pág. 61). Por eso afirman que hay que combatirla, para ayudar a los chiquilines a mejorar:
“si van a conseguir un trabajo ¿cómo hacen?, ¿van a hablar así?” (anexo 8.3, pág.38)
“¿por qué nosotros, siempre, tenemos que mezclar los idiomas y ellos (los brasileros) pueden distinguirlo, la mayoría de las veces, bien?” (anexo 10.3, pág.51)
“decirles que bueno, que traten de no usar mucho el DPU” (anexo 12.3, pág.65)
“cuando ustedes van a hablar con el docente o con la directora, ustedes no utilizan ese lenguaje” (anexo 14.2, pág.74)
“generalmente cuando ellos hablan en portugués o en DPU les trato de volver a repetir la palabra, volver a repetir las expresiones que están equivocadas, que están mal, en español” (anexo 20.2, pág.105)
“el DPU, el DPU, digamos que es como una traba, un problema” (anexo 20.2, pág.105)
“les prohibía directamente que hablaran en portuñol considerando que el día tiene 24 horas y ellos solamente practican el español cuando se comunican con los profesores” (anexo 23, pág. 126)
Es la experiencia propia la que habla y de la que no se puede escapar, se pertenece a la frontera, ya sea por nacimiento o por adopción, por tanto, se replican las prácticas de las que ha sido objeto en el pasaje por el sistema educativo formal. Aunque se declare no estar de acuerdo, a la hora de actuar, de manera no consciente, se reproducen experiencias.
Incorporar formalmente la enseñanza de las dos lenguas prestigiosas es una posibilidad que se considera seriamente. Se ve más que como una solución a un problema, como una forma de abrir mayores oportunidades a los estudiantes fronterizos en la medida en que podrían manejar otra variedad estándar, que quizás les abra un mercado laboral “del otro lado”. Pese a todo, subsiste un firme convencimiento de que el habla dialectal, el portuñol, no caería en desuso ni se eliminaría con esta política. Las investigaciones sobre lenguas en contacto, las hablas criollas, los pidgins, etc., nos inducen a pensar que la alta variabilidad de las mismas las llevan a tener una vida relativamente corta. Recuérdese que la vida de una lengua se mide en tiempos bien distintos de la de las personas. En lo que respecta a la variedad que nos ocupa, hay hablantes nativos, con derecho a hacer uso de su lengua, y con un conflicto sobre la conveniencia de insistir en ello. La comunidad sabe que su lengua conlleva limitantes para sus usuarios, y por esa razón reniega de ella al tiempo que corea las canciones de Chito de Melo, estandarte de resistencia del dialecto, a modo de una consigna del tipo: “larga vida al portuñol”.
El sistema educativo durante mucho tiempo ha negado la existencia de esta realidad lingüística, durante la dictadura, con la campaña de pureza idiomática, se ha propuesto explícitamente exterminarla. Más adelante, con otros vientos más favorables soplando, se ha logrado reconocer y reivindicar esta variedad minoritaria. Sin embargo, no goza de prestigio, no es la lengua oficial, no es la que “sirve”, es la de entre casa, una suerte de pantufla lingüística, cómoda, afectiva, pero (nos hacemos eco de los adversativos de nuestras colegas) no les va a servir si quieren salir de este medio. Es cierto, lamentablemente el mundo no es el lugar que queremos que sea, y no hay forma de transformarlo en un sitio mejor que no implique aprehender sus códigos para hackearlo desde adentro.
Bernard Charlot (2008) afirma que el docente es un trabajador de la contradicción. Nunca tan apropiado como en este ámbito, el nuestro, aquel en el que nuestra única arma es una didáctica de la intuición, la que hemos desarrollado in absentia de otra mejor. Comenzamos este trabajo buscando “una didáctica para el español en el respeto de los derechos lingüísticos en cuanto derechos humanos” y nos tropezamos con “una didáctica de la intuición en el respeto de los estudiantes en cuanto seres fronterizos”.
Este trabajo no está terminado, hubiésemos preferido continuar, por eso es que confesamos que lo abandonamos. A partir de aquí se nos ha abierto un abanico de alternativas y posibilidades futuras: hay mucho por hacer, por debatir, por construir, pero por sobre todas las cosas, hay ganas de hacer las cosas mejor, de sistematizar experiencias, de compartir éxitos y fracasos.
La educación es un hecho político atravesada por un fuerte componente moral. Es hora de asumirlo como compromiso teniendo presente el contexto en el que nos ha tocado actuar, cuestionándonos a diario, interpelando a Agripina:
_ “¿Qué país es éste, Agripina?
Y ella volvió a alzarse de hombros”
Pero no estamos dispuestas a alzarnos de hombros, ni nos va a cubrir el silencio…

Bibliografía

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Derechos lingüísticos y exclusión: una luz de alerta

Introducción
Este trabajo se sustenta en una investigación realizada en 2008 en el departamento de Rivera en la que pretendíamos dar cuenta de la forma en que se percibe una realidad educativa en una zona particular de nuestro país. El discurso oficial desde el siglo XIX ha mostrado un Uruguay uniforme, monolingüe y marcado por la universalización de “la escuela pública, laica, gratuita y obligatoria”. No obstante, la ausencia de políticas lingüísticas para atender la diversidad, o incluso, las políticas lingüísticas en las que expresa y manifiestamente se insiste en la alfabetización universal en la “Lengua Nacional”, han puesto en evidencia el desconocimiento, o lo que es aún peor, la intención de avasallar al diferente y sus derechos por medio de la túnica blanca y la moña, de tan inocente apariencia.
Nos interesó indagar en la comunidad y en especial en los profesores de Español y sus concepciones implícitas o explícitas, tarea que cuenta con pocos antecedentes, más que nada provenientes de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y cuyo enfoque se centra en el plano de la Lingüística Descriptiva, sin entrar en cuestiones de tenor didáctico ni en las implicancias a nivel de derechos humanos que pudiere acarrear la imposición de una lengua en el ámbito educativo público.
Antecedentes
Las diversas investigaciones llevadas a cabo en la frontera Rivera-Livramento proporcionan datos concretos1 que nos alertan sobre la cantidad de estudiantes provenientes de hogares monolingües en DPU2 (Dialectos del Portugués en el Uruguay) que concurren al sistema educativo formal. Estos alumnos se ven enfrentados al ingresar a las aulas a una nueva realidad que conlleva una serie de problemas que se ven particularmente reflejados en el rendimiento escolar.
La gran diversidad del alumnado (heterogeneidad lingüística), y la inhibición creada por la barrera lingüística, son algunos de los factores a los cuales se ve enfrentado el docente en el aula. Como afirma Behares (1982, 1985), “el mayor problema de la educación fronteriza en Uruguay radica en el hecho de no reconocer que, en su mayoría, la lengua materna de los niños no es el español. Los problemas en el aprendizaje provienen de la pedagogía monolingüe usada y de la actitud en cuanto a los valores negativos de permitirles el uso del dialecto a los niños, incluso fuera del aula.”
Nuestros alumnos, al ingresar al sistema, se encuentran con otra variedad a través de la cual se produce la enseñanza. Los programas están estructurados de forma que se da por sentado el dominio del idioma español en todo el territorio nacional, cuando en nuestro contexto no es así, lo que posiblemente perjudica o limita todo el posterior aprendizaje. Diferentes estudios realizados proponen la enseñanza bilingüe portugués - español como una solución para esta situación.
La enseñanza impuesta desde el sistema formal violenta lo consignado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. En el Artículo 7 se establece el derecho a igual protección contra toda discriminación; los hablantes de la frontera son discriminados puesto que carecen de la libertad de expresión, consignada en el artículo 19, al no permitírseles utilizar su lengua materna en el ámbito educativo formal. Por otra parte, el Artículo 26 proclama el derecho a la Educación, la que tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, mientras que tampoco se contempla el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Por lo anteriormente expuesto, consideramos que esta situación descripta ameritaba un estudio que relevara la forma en que los miembros de la comunidad educativa fronteriza viven esta tensión.
Problema de investigación
Nuestro problema de investigación se esbozó en torno a preguntas vinculadas con la relación existente entre la enseñanza del idioma español y el respeto por los derechos humanos de los estudiantes provenientes de hogares que no tienen el español como lengua materna.
Expresado en otros términos, se trata del clásico antagonismo entre la Gramática Normativa y la Lingüística Descriptiva. Los docentes de Español estamos condenados a debatirnos entre los polos normativo y descriptivo de la lengua que nos toca enseñar.
Recorrido teórico
Lenguas en contacto: español y portugués
Nuestro marco teórico comenzó en el terreno de la sociolingüística, con un racconto histórico para explicar la situación de diglosia que se vive por el contacto de lenguas, así como consignamos el estado del arte de los estudios realizados por la UDELAR desde 1950 con J.P.Rona.
La posición del Estado uruguayo ha sido de “defensa de la soberanía ante la amenaza brasileña” reprimiendo el uso de los dialectos. De esta forma, se ha generado una mayor marginación social puesto que son precisamente las clases bajas las que los tienen como lengua materna, y a las que les está vedada la posibilidad de ascenso social. El sistema educativo ha estigmatizado al portugués del Uruguay y colaborado con esta matriz diglósica y estratificada de la sociedad fronteriza reproduciendo las desigualdades sociales. El Uruguay se caracteriza por ser un país que no había contado hasta esta administración con una planificación lingüística, al menos explícitamente. El idioma español aparece como Lengua Oficial en los diferentes ámbitos como por ejemplo en los diseños curriculares que se encuentran a lo largo de la historia educativa, sin embargo no aparece como tal en la Constitución. En el documento elaborado por la Comisión de Políticas Lingüísticas en la Educación Pública (ANEP – CODICEN) se realiza un extenso relevamiento de los diferentes estudios realizados al respecto de las Políticas Lingüísticas uruguayas y sus efectos.
Con la nueva propuesta de Política Lingüística se reconoce, finalmente, que ignorar la existencia de hablantes de portugués del Uruguay “es una afrenta a las personas que lo hablan y a su identidad lingüística”.
Derechos Humanos – Derechos Lingüísticos
A continuación rastreamos las políticas educativas en el tema Derechos Humanos, consignando la existencia de una Dirección creada a tales efectos, la cual tiene como cometido asesorar al CODICEN en la implementación de una política de Derechos Humanos para todo el ámbito de la Educación:3 “La misma implica elaborar una propuesta de marco de referencia para una educación en Derechos Humanos y cultura de paz, que incluyan también medidas curriculares y extracurriculares así como una revisión de las formas de organización específicas en Formación Docente y docentes en servicio. Junto a la Dirección como instancia de consulta, estudio y elaboración de propuestas, actúa una Comisión de Derechos Humanos integrada por representantes de los consejos desconcentrados y la Dirección de Formación Docente, así como representantes de sus respectivas Asambleas Técnico Docentes”. Esta Dirección ha centrado sus esfuerzos en trabajar a nivel del Mercosur Educativo en temas de historia reciente, y fundamentalmente en la elaboración de materiales didácticos para el abordaje de la temática en las aulas.
Existen diversos instrumentos jurídicos internacionales que el Uruguay ha suscrito en cuanto miembro de las Naciones Unidas y que abordan otras dimensiones de los Derechos Humanos, quizás más cotidianas y menos visibles en cuanto a su no consideración como la “Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas”. La misma fue aprobada por la Asamblea General en su resolución 47/135 del 18 de diciembre de 1992 (Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos).
Esta declaración, en clara consonancia con el resto de las declaraciones internacionales, la propia Constitución de la República Oriental del Uruguay, el Proyecto de Ley General de Educación y los documentos emanados de la comisión de Políticas Lingüísticas de la ANEP, reivindica los derechos lingüísticos de las personas.
Documentos posteriores, emanados de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2004/51) recuerdan la plena vigencia de esta declaración, instan a los Estados a velar por estos derechos, piden, reafirman, hacen llamamientos, invitan, reconocen y finalmente deciden continuar en esta línea de divulgación de derechos de las minorías como forma de promover una cultura de paz desde el reconocimiento y el respeto a la diversidad como base para la convivencia social.
Los sistemas educativos en el mundo entero están llamados a cumplir un rol protagónico a efectos de dar un cabal cumplimiento de los compromisos asumidos con responsabilidad, respeto y convicción.
Reflexiones finales
_ “¿En qué país estamos, Agripina?
Y ella se alzó de hombros”
Luvina, El llano en llamas,
Juan Rulfo, 1953
Nos propusimos indagar en la enseñanza del Idioma Español en zona de frontera con el fin de develar las concepciones implícitas respecto de las relaciones entre la lengua de la comunidad y la lengua de instrucción, siendo que distan la una de la otra y que de alguna forma se estaría atentando contra los derechos de los hablantes al imponérseles el español.
Las conclusiones a las que arribamos con esta investigación nos hacen alertar fuertemente sobre dos consecuencias graves que acarrea el no atender a esta realidad:
Por un lado, genera en los docentes una gran incertidumbre en la medida en que los enfrenta a una problemática para la que no han sido preparados, lo cual implica un grado de estrés, angustia y malestar que se suma a la multiplicidad de situaciones y desafíos que implica la labor docente en la actualidad.
Por otro lado, el más grave, se produce a partir de estos desencuentros lingüísticos el fracaso escolar: los estudiantes de educación media, (que son aquellos con los que trabajamos, los que hemos investigado y de los que podemos hablar con cierta propiedad) terminan por abandonar el sistema educativo formal, porque no pueden lidiar con sus exigencias académicas. Hemos estado omisos en proporcionar herramientas adecuadas para retener a estos jóvenes en el sistema educativo y brindarles posibilidades reales de inserción social: antes bien, los hemos expulsado de las aulas por incomprensión, y hemos, sin quererlo, violado impunemente sus derechos como ciudadanos en un país que no es, como todos piensan, monolingüe y homogéneo.
Esta somera descripción pretende advertir sobre la necesidad de implementar un programa de enseñanza de la lengua en zonas de frontera con una metodología diferente a la que se utiliza en el resto del país, si lo que pretendemos es lograr la inclusión en las aulas y dejar de expulsar a aquellos alumnos que no traen consigo los prerrequisitos esperados desde la visión centralista montevideana. En la actualidad, si bien esto está contemplado para la educación primaria, donde se ha implementado un programa de inmersión bilingüe en el que confiamos plenamente, estamos llegando tarde y defraudando a una enorme cantidad de jóvenes que merecen que les proporcionemos otros caminos para transitar.
La frontera no es un límite claro, no se trata de una línea imaginaria tal como se puede visualizar a partir de un mapa. La frontera es un tercer espacio, que no es ni lo uno ni lo otro, tiene su identidad propia, es una franja en la que convergen lo mejor y lo peor de uno y otro lado, una franja ecléctica distinta de sus componentes. Por tanto, el dialecto de frontera, llamémosle como se prefiera, es el rasgo identitario más claro con el que la comunidad se reconoce a sí misma. Se siente respecto del mismo tanto el rechazo como la reafirmación, es la lengua del hogar, la de los afectos, la que une y da sentido de pertenencia, pero al mismo tiempo es la lengua que limita las posibilidades a la hora de irse hacia el sur o de buscar una salida laboral. Es la marca del origen, indeleble y objeto de discriminación, burla y risas a través de los estereotipos hacia el “bayano”: “bien con las eses marcadas y todo”. Por eso afirman que hay que combatirla, para ayudar a los chiquilines a mejorar:
“si van a conseguir un trabajo ¿cómo hacen?, ¿van a hablar así?”
“decirles que bueno, que traten de no usar mucho el DPU”
“generalmente cuando ellos hablan en portugués o en DPU les trato de volver a repetir la palabra, volver a repetir las expresiones que están equivocadas, que están mal, en español”
“el DPU, el DPU, digamos que es como una traba, un problema”
“les prohibía directamente que hablaran en portuñol considerando que el día tiene 24 horas y ellos solamente practican el español cuando se comunican con los profesores”
Es la experiencia propia la que habla y de la que no se puede escapar, se pertenece a la frontera, ya sea por nacimiento o por adopción, por tanto, se replican las prácticas de las que se ha sido objeto en el pasaje por el sistema educativo formal. Aunque se declare no estar de acuerdo, a la hora de actuar, de manera no consciente, se reproducen experiencias.
Incorporar formalmente la enseñanza de las dos lenguas prestigiosas es una posibilidad que se considera seriamente. Se ve más que como una solución a un problema, como una forma de abrir mayores oportunidades a los estudiantes fronterizos en la medida en que podrían manejar otra variedad estándar, que quizás les abra un mercado laboral “del otro lado”. Pese a todo, subsiste un firme convencimiento de que el habla dialectal, el portuñol, no caería en desuso ni se eliminaría con esta política. Las investigaciones sobre lenguas en contacto, las hablas criollas, los pidgins, etc., nos inducen a pensar que la alta variabilidad de las mismas las lleva a tener una vida relativamente corta. Recuérdese que la vida de una lengua se mide en tiempos bien distintos de la de las personas. En lo que respecta a la variedad que nos ocupa, hay hablantes nativos, con derecho a hacer uso de su lengua, y con un conflicto sobre la conveniencia de insistir en ello. La comunidad sabe que su lengua conlleva limitantes para sus usuarios, y por esa razón reniega de ella al tiempo que corea las canciones de Chito de Melo, estandarte de resistencia del dialecto, a modo de una consigna del tipo: “larga vida al portuñol”.
El sistema educativo durante mucho tiempo ha negado la existencia de esta realidad lingüística, durante la dictadura, con la campaña de pureza idiomática, se ha propuesto explícitamente exterminarla. Más adelante, con otros vientos más favorables soplando, se ha logrado reconocer y reivindicar esta variedad minoritaria. Sin embargo, no goza de prestigio, no es la lengua oficial, no es la que “sirve”, es la de entre casa, una suerte de pantufla lingüística, cómoda, afectiva, pero (nos hacemos eco de los adversativos de nuestras colegas) no les va a servir si quieren salir de este medio. Es cierto, lamentablemente el mundo no es el lugar que queremos que sea, y no hay forma de transformarlo en un sitio mejor que no implique aprehender sus códigos para hackearlo desde adentro.
Bernard Charlot (2008) afirma que el docente es un trabajador de la contradicción. Nunca tan apropiado como en este ámbito, el nuestro, aquel en el que nuestra única arma es una didáctica de la intuición, la que hemos desarrollado in absentia de otra mejor. Emprendimos esta investigación buscando “una didáctica para el español en el respeto de los derechos lingüísticos en cuanto derechos humanos” y nos tropezamos con “una didáctica de la intuición en el respeto de los estudiantes en cuanto seres fronterizos”.
Este trabajo no está terminado, hubiésemos preferido continuar, por eso es que confesamos que lo abandonamos. A partir de aquí se nos ha abierto un abanico de alternativas y posibilidades futuras: hay mucho por hacer, por debatir, por construir, pero por encima de todo, hay ganas de hacer las cosas mejor, de sistematizar experiencias, de compartir éxitos y fracasos.
La educación es un hecho político atravesada por un fuerte componente moral. Es hora de asumirlo como compromiso teniendo presente el contexto en el que nos ha tocado actuar, cuestionándonos a diario, interpelando a Agripina:
_ “¿Qué país es éste, Agripina?
Y ella volvió a alzarse de hombros”
Pero no estamos dispuestas a alzarnos de hombros, ni nos va a cubrir el silencio…
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