domingo, 6 de junio de 2010

“Entre la norma y la descripción: Una Didáctica para el Idioma Español en el respeto de los Derechos Lingüísticos en cuanto Derechos Humanos”


Este texto integra parte del trabajo realizado para los Fondos Concursables de la DFPD. CODICEN. ANEP


_ “¿En qué país estamos, Agripina?
Y ella se alzó de hombros”
Luvina, El llano en llamas,
Juan Rulfo, 1953

Nos propusimos indagar en la enseñanza del Idioma Español en zona de frontera con el fin de develar las concepciones implícitas respecto de las relaciones entre la lengua de la comunidad y la lengua de instrucción, siendo que distan la una de la otra y que de alguna forma se estaría atentando contra los derechos de los hablantes al imponérseles el español.
La frontera no es un límite claro, no se trata de una línea imaginaria tal como se puede visualizar a partir de un mapa. La frontera es un tercer espacio, que no es ni lo uno ni lo otro, tiene su identidad propia, es una franja en la que convergen lo mejor y lo peor de uno y otro lado, una franja ecléctica distinta de sus componentes. Por tanto, el dialecto de frontera, llamémosle como se prefiera, es el rasgo identitario más claro con el que la comunidad se reconoce a sí misma. Se siente respecto del mismo tanto el rechazo como la reafirmación, es la lengua del hogar, la de los afectos, la que une y da sentido de pertenencia, pero al mismo tiempo es la lengua que limita las posibilidades a la hora de irse hacia el sur o de buscar una salida laboral. Es la marca del origen, indeleble y objeto de discriminación, burla y risas a través de los estereotipos hacia el “bayano”: “bien con las eses marcadas y todo” (anexo 12.2, pág. 61). Por eso afirman que hay que combatirla, para ayudar a los chiquilines a mejorar:
“si van a conseguir un trabajo ¿cómo hacen?, ¿van a hablar así?” (anexo 8.3, pág.38)
“¿por qué nosotros, siempre, tenemos que mezclar los idiomas y ellos (los brasileros) pueden distinguirlo, la mayoría de las veces, bien?” (anexo 10.3, pág.51)
“decirles que bueno, que traten de no usar mucho el DPU” (anexo 12.3, pág.65)
“cuando ustedes van a hablar con el docente o con la directora, ustedes no utilizan ese lenguaje” (anexo 14.2, pág.74)
“generalmente cuando ellos hablan en portugués o en DPU les trato de volver a repetir la palabra, volver a repetir las expresiones que están equivocadas, que están mal, en español” (anexo 20.2, pág.105)
“el DPU, el DPU, digamos que es como una traba, un problema” (anexo 20.2, pág.105)
“les prohibía directamente que hablaran en portuñol considerando que el día tiene 24 horas y ellos solamente practican el español cuando se comunican con los profesores” (anexo 23, pág. 126)
Es la experiencia propia la que habla y de la que no se puede escapar, se pertenece a la frontera, ya sea por nacimiento o por adopción, por tanto, se replican las prácticas de las que ha sido objeto en el pasaje por el sistema educativo formal. Aunque se declare no estar de acuerdo, a la hora de actuar, de manera no consciente, se reproducen experiencias.
Incorporar formalmente la enseñanza de las dos lenguas prestigiosas es una posibilidad que se considera seriamente. Se ve más que como una solución a un problema, como una forma de abrir mayores oportunidades a los estudiantes fronterizos en la medida en que podrían manejar otra variedad estándar, que quizás les abra un mercado laboral “del otro lado”. Pese a todo, subsiste un firme convencimiento de que el habla dialectal, el portuñol, no caería en desuso ni se eliminaría con esta política. Las investigaciones sobre lenguas en contacto, las hablas criollas, los pidgins, etc., nos inducen a pensar que la alta variabilidad de las mismas las llevan a tener una vida relativamente corta. Recuérdese que la vida de una lengua se mide en tiempos bien distintos de la de las personas. En lo que respecta a la variedad que nos ocupa, hay hablantes nativos, con derecho a hacer uso de su lengua, y con un conflicto sobre la conveniencia de insistir en ello. La comunidad sabe que su lengua conlleva limitantes para sus usuarios, y por esa razón reniega de ella al tiempo que corea las canciones de Chito de Melo, estandarte de resistencia del dialecto, a modo de una consigna del tipo: “larga vida al portuñol”.
El sistema educativo durante mucho tiempo ha negado la existencia de esta realidad lingüística, durante la dictadura, con la campaña de pureza idiomática, se ha propuesto explícitamente exterminarla. Más adelante, con otros vientos más favorables soplando, se ha logrado reconocer y reivindicar esta variedad minoritaria. Sin embargo, no goza de prestigio, no es la lengua oficial, no es la que “sirve”, es la de entre casa, una suerte de pantufla lingüística, cómoda, afectiva, pero (nos hacemos eco de los adversativos de nuestras colegas) no les va a servir si quieren salir de este medio. Es cierto, lamentablemente el mundo no es el lugar que queremos que sea, y no hay forma de transformarlo en un sitio mejor que no implique aprehender sus códigos para hackearlo desde adentro.
Bernard Charlot (2008) afirma que el docente es un trabajador de la contradicción. Nunca tan apropiado como en este ámbito, el nuestro, aquel en el que nuestra única arma es una didáctica de la intuición, la que hemos desarrollado in absentia de otra mejor. Comenzamos este trabajo buscando “una didáctica para el español en el respeto de los derechos lingüísticos en cuanto derechos humanos” y nos tropezamos con “una didáctica de la intuición en el respeto de los estudiantes en cuanto seres fronterizos”.
Este trabajo no está terminado, hubiésemos preferido continuar, por eso es que confesamos que lo abandonamos. A partir de aquí se nos ha abierto un abanico de alternativas y posibilidades futuras: hay mucho por hacer, por debatir, por construir, pero por sobre todas las cosas, hay ganas de hacer las cosas mejor, de sistematizar experiencias, de compartir éxitos y fracasos.
La educación es un hecho político atravesada por un fuerte componente moral. Es hora de asumirlo como compromiso teniendo presente el contexto en el que nos ha tocado actuar, cuestionándonos a diario, interpelando a Agripina:
_ “¿Qué país es éste, Agripina?
Y ella volvió a alzarse de hombros”
Pero no estamos dispuestas a alzarnos de hombros, ni nos va a cubrir el silencio…

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1 comentario:

  1. Trabajo que fuera realizado en conjunto con la Prof. Mag. Virginia Solana Tristant

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